Bienvenidos a nuestro blog en el cual hablaremos de los intelectuales de la generacion de 1842, nosotros somos intelectuales de este siglo los invitamos a que analisen este blogg y puedan aprender acerca de nosotros y de nuestra historia.
soy un intelectual de la generacion de 1842
miércoles, 5 de octubre de 2011
lunes, 12 de septiembre de 2011
trabajo que realizabamos en la generacion de mi 1842
nosotros como intelectuales de la epoca de 1842 trabajamos en muchos oficios entre ellos como profesores
,en escuelas, en oficinas, otros de nosotros trabajaban como poetas, escritores, pintores, trabajamos en muchos proyectos que insitavan a la mejora del intelecto como colegios, universidades, nosotros buscabamos la mejora del intelecto de la gente de la epoca de 1842
,en escuelas, en oficinas, otros de nosotros trabajaban como poetas, escritores, pintores, trabajamos en muchos proyectos que insitavan a la mejora del intelecto como colegios, universidades, nosotros buscabamos la mejora del intelecto de la gente de la epoca de 1842
martes, 12 de octubre de 2010
El nivel educacional de los intelectuales de la generacion de 1842
Con motivo de arraigar su cultura feudal y monárquico los Españoles establecieron universidades a
través de sus colonias, a diferencia de los portugueses que no fundaron ninguna de estas. Entonces
la educación superior en Chile precedió la formación de la República en 1810. La administración
colonial había fundado la Real Universidad de San Felipe en 1738 para formar oficiales y
profesionales a través de un currículum escolástico y autoritario. Sin embargo, en la tarea de
fortalecer las estructuras coloniales esta universidad fue de envergadura continental: le llegaron
estudiantes de Uruguay, Paraguay, Perú, Bolivia y Quito. Cuando la oligarquía chilena convirtió a
la Real Universidad en la Universidad de Chile en 1842, subrayó la importancia de la educación
superior en la formación del estado postcolonial. Su primer rector Andrés Bello, lejos de oponerse
a la iglesia, insistió en el papel moralizador religioso de la nueva universidad estatal y a la vez instaló
una variante del discurso civilizador característico de las élites de su tiempo. La historiografía ortodoxa sobre la época postcolonial ha comprendido el rol de los intelectuales en
la vida nacional como algo exclusivamente institucional y, aun inconscientemente, patriarcal. Por lo
tanto tal categorización ha sido ciega a la interacción entre intelectuales orgánicos de los sectores
populares y los intelectuales institucionales, y la lucha de estos primeros por abrir la universidad a
todos. Además, disminuye la importancia del movimiento femenil electoral e ignora en su plenitud
el movimiento feminista popular mientras ambos se constituyeron por separados, aunque fueron
fenómenos paralelos en la lucha por una sociedad democratizada a nivel de género.
través de sus colonias, a diferencia de los portugueses que no fundaron ninguna de estas. Entonces
la educación superior en Chile precedió la formación de la República en 1810. La administración
colonial había fundado la Real Universidad de San Felipe en 1738 para formar oficiales y
profesionales a través de un currículum escolástico y autoritario. Sin embargo, en la tarea de
fortalecer las estructuras coloniales esta universidad fue de envergadura continental: le llegaron
estudiantes de Uruguay, Paraguay, Perú, Bolivia y Quito. Cuando la oligarquía chilena convirtió a
la Real Universidad en la Universidad de Chile en 1842, subrayó la importancia de la educación
superior en la formación del estado postcolonial. Su primer rector Andrés Bello, lejos de oponerse
a la iglesia, insistió en el papel moralizador religioso de la nueva universidad estatal y a la vez instaló
una variante del discurso civilizador característico de las élites de su tiempo. La historiografía ortodoxa sobre la época postcolonial ha comprendido el rol de los intelectuales en
la vida nacional como algo exclusivamente institucional y, aun inconscientemente, patriarcal. Por lo
tanto tal categorización ha sido ciega a la interacción entre intelectuales orgánicos de los sectores
populares y los intelectuales institucionales, y la lucha de estos primeros por abrir la universidad a
todos. Además, disminuye la importancia del movimiento femenil electoral e ignora en su plenitud
el movimiento feminista popular mientras ambos se constituyeron por separados, aunque fueron
fenómenos paralelos en la lucha por una sociedad democratizada a nivel de género.
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